No en mi nombre

Publicado hoy en Página 12

Soy judío por voluntad propia. Mi maestro fue un venerable rabino alemán, sobreviviente de los campos de exterminio nazi, llamado Hans Harf, hoy ya muerto. Él me enseñó lo que sé de la Torá. Y él me dijo que la palabra de Dios era vida, jamás muerte.
Harf me enseñó que al brindar decimos lejaim que quiere decir por la vida.
Que al saludarnos, decimos shalom, que quiere decir paz
Y también me dijo que no éramos ni gigantes ni langostas, sólo hombres.
Hoy no tengo a quien preguntarle por este horror que mancha, de manera inevitable, mi judeidad.
Hoy me quedo sin palabras ante esta imagen del rescate de un niño luego de la matanza perpetrada ayer en Qana por fuerzas israelíes.
Y lo único que puedo decir es que en memoria de la Shoá (el holocausto); en memoria de todos los muertos en genocidios; en memoria de los muertos de la AMIA y de la Embajada de Israel en la Argentina, en memoria del rabino Hans Harf, no lo hacen en mi nombre.
Porque cada niño que muere de este modo es una lágrima de Dios que cae sobre nosotros. Lágrima espesa, que nos va a ir cubriendo como una cárcel de tristeza.
Eduardo Betas

