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Web 2.0 y Parlamento: A propósito del BarCamp

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Ni la Web2.0 ni las nuevas tecnologías van a inventar a un político mejor que el que tenemos hoy. El político de hoy se reiventa con las nuevas tecnologías y la Web2.0. Y lo que salga de esa reinvención es lo que votaremos o no en las próximas elecciones.

El sábado, como anticipé aquí, estuve en BarCamp con una propuesta para debatir sobre “Parlamento 2.0″ (admito que el título no me termina de cerrar) en un ambiente donde la política parecía tener un valor escaso y degradado. Fue, como bien apuntó Vanina en La Propaladora, la charla más votada on line y menos concurrida en el sitio de realización. Ella lo adjudica a la hora en que se dio (cerca de las 17) pero yo le sumo otros factores, como el de que muchas de las personas que la votaron se interesan más por la política o por los temas parlamentarios que por la tecnología en sí. Y BarCamp es un ámbito muy orientado a las nuevas tecnologías y, al menos en esta edición, de capacidad muy limitada.

Pero dejando de lado esta circunstancia, la charla se dio y algunas preguntas quedaron planteadas. Por ejemplo, ¿qué puede hacer la Web2.0 para que el parlamento, en sus diferentes niveles, gane en efectividad, transparencia, representatividad?

La segunda pregunta partió de la metáfora de que todos los legisladores son enlaces abiertos a la sociedad. ¿Qué veríamos si pudiéramos hacer clic sobre un legislador/enlace? Como no lo podemos hacer, nos contentamos con mostrar lo que se ve ahora haciendo clic en la mayoría de las páginas oficiales de los parlamentarios: nombres, fechas de nacimiento, procedencias, declaraciones de bienes, números de expedientes, proyectos.

Es decir, información, datos duros que son imprescindibles para periodistas, investigadores, politólogos, políticos…

Pero ésos, son datos que no le alcanzan a la gente, al ciudadano de a pie que quiere saber de qué se trata.

¿Qué es lo que falta?

En principio, como ya afirmamos aquí, los legisladores son enlaces a un relato que se está/están/estamos construyendo. Y que, por supuesto, nos involucra.

Entonces, se hace esencial que compartamos con ellos el cómo se llega a un proyecto; el proceso de la idea; la conversación. Porque todo eso enriquece a la norma que se gesta; le da más representatividad y, por ende, la hace más respetable por la ciudadanía que la toma más como propia que impuesta.

Por eso es que debe dejar de sonar frívolo, si es que a alguien aún le suena así, reafirmar que hoy es ineludible que el legislador o la legisladora, sea nacional, provincial o municipal, debe tener voz, blog y voto. Porque el Congreso, y aquí sí que no cabe ninguna duda, construye la Gran Conversación. Una conversación que nos involucra.

Pero el blog del parlamentario no puede ser cualquier blog. Debe ser, más allá de que lo haga aquí o no, el diario de su gestión o, para reafirmar en concepto, donde podamos ver su gestión a diario. Y es que blog porque sí, es blog vano, sin sentido. Y el legislador tiene mucho para decirnos a los ciudadanos sobre su trabajo.

Porque además, y yendo más allá del blog, lo que también es indudable es que nunca antes el legislador tuvo tantos elementos a su disposición como para representar a la ciudadanía. De ahí su obligacióna utilizarlos.

Venimos de un parlamento/palacio, profuso en ritos de ceremonial ¿Estaremos yendo a un parlamento/laboratorio donde sin perder los buenos modos podamos asistir a los procesos que convierten ideas en ebullición en proyectos y normas que permitan vivir mejor a las personas? Espero que sí.

(Hacer clic en “Continuar leyendo” para ver la presentación)


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