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BECAS ESTUDIANTILES

En la última exposición en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires del ministro de Educación Mariano Narodowski, se generó un acalorado debate respecto a las becas otorgadas por la Ciudad a niños y jóvenes que cursan sus estudios primarios y secundarios en distintos establecimientos públicos porteños.

El ambiente hostil en que se debió desarrollar la exposición del ministro y el nivel de intolerancia mostrado por algunos dirigentes estudiantiles dentro del recinto son de público conocimiento.

La repercusión mediática que han tenido estos lamentables sucesos y la confusión que han generado en la opinión pública me han estimulado, desde mi rol como representante de todos los vecinos que viven, estudian y trabajan en la Ciudad de Buenos Aires, a explicar algunas cuestiones inherentes al reclamo mencionado y a esclarecer ciertos argumentos falaces que se han formulado sobre el asunto.

En primer lugar, considero que es una necesaria y rotunda contribución a la verdad señalar que en la ciudad de Buenos Aires, el 50% de los alumnos matriculados en las escuelas públicas porteñas están becados.

Esta situación responde a un fenómeno de universalización paulatino que da como resultado que en la actualidad existan alrededor de 60 mil estudiantes que cursan sus estudios becados por la Ciudad. Vale la pena resaltar que en el año 2001 sólo existían 7 mil becas. La diferencia con otros períodos es evidente y es en ésta donde residen también las razones para resolver el conflicto.

En segundo lugar se debe discutir la verdadera finalidad de la beca como tal, es decir, el objeto que debe cumplir el apoyo del Estado a un estudiante para un fin determinado como es su educación y la procuración de los medios para ello.

En este sentido, la esencia y finalidad de la beca pierden su significado si ésta no posibilita la inclusión social y no permite la asistencia del alumno a clases con sus materiales durante todo un año lectivo.

Las becas actuales ascienden a $250 por alumno.

Si dividimos ese valor por doce meses nos da un monto de alrededor de $ 20 por mes ¿se puede acaso garantizar a un alumno la inclusión social y la educación con una cifra así? La respuesta, obviamente, es negativa.

Fue de esta forma cómo se pensó en reformular el sistema de becas con el objetivo de que el Gobierno de la Ciudad redetermine, con una mayor racionalidad, el otorgamiento de las mismas, a fin de que ningún chico que realmente necesite un subsidio se quede sin él y se le garantice así, su asistencia al colegio.

Este es el legítimo fundamento de lo que ha sido falsamente señalado como un mero “recorte de becas”.

El oportunismo político, los puntos de vista ideologizados en extremo y la falta de argumentos veraces encubren la existencia objetiva de muchísimos alumnos que cobran una beca que no necesitan y que con su reclamo insensato están perjudicando a aquellos que dicen estar defendiendo.

Esta es la injusticia que se esconde en la problemática planteada y que hemos decidido encarar con empeño ya que ningún chico de la Ciudad de Buenos Aires que realmente quiera estudiar y que no disponga de los medios para hacerlo debe quedarse sin una beca.

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